lunes, 9 de mayo de 2011
The class
Llamó demasiado mi atención que los maestros se involucraran directamente con los padres de familia para resolver diversas situaciones, ya que para ellos es importante hacer hincapié en los intereses de sus alumnos. Es así como sucede con un alumno chino, cuya madre es detenida por no portar papeles de migración; ante este suceso los maestros deciden cooperar y uniendo esfuerzos, hacer lo posible por ayudar a la madre del estudiante.
Este hecho llama mi atención, precisamente por el sobresalto en la idiosincrasia entre el Estado francés y nuestro país. Particularmente fui internada de gravedad en dos ocasiones durante el 2010. La primera de ellas requería yo de una constancia de estudios firmada por la directora de la Institución Educativa en la que realizo actualmente mis estudios, para ser ingresada al IMSS; se le hizo la petición de ir a donde ella se encontrara para firmar dicha constancia, a lo que hizo caso omiso. Vaya, únicamente se le solicitaba una firma. Una necesidad real en tiempo real. Sin entrar en detalles, esto deja ver el interés, compromiso, o como se le quiera llamar; de los trabajadores de la educación hacia sus estudiantes. Es lo de menos que haya brincado convaleciente entre clínicas de seguro social, hospital general y no haya sido atendida, es lo de menos que haya llegado con el último aliento a una clínica particular y los gastos generados. Esto me hace preguntarme: ¿Es acaso necesaria una renovación de la SEP respecto a los acuerdos nacionales para la salud? ¿Dónde están las reformas a las leyes del IMSS que protegen realmente mi seguridad social?
Y volviendo a la película cuyo nombre titula también este post, extiendo mi recomendación, para quienes interese. Acá el trailer:
martes, 3 de mayo de 2011
¡Paren al mundo! o lo paro yo
Veo padecer en mis semejantes una ceguera que parece irremediable, como un mar de leche que ahoga los corazones de almidón
Corazones de los cuerpos derramando gotas de vida sobre las calles imaginarias
Cuerpos golpeados por otros cuerpos sobre la agonía de la miseria
Somos la parábola de los males del capitalismo
Somos la parábola del tiempo
Viajamos durante vidas distintas desterrados de distintas tierras
Somos aquí, ahora, los últimos habitantes de esta esfera donde la noche amanece y me platican los ancestros iluminándola
Y es que son y serán las nuevas generaciones quienes espiren un nuevo aliento de supervivencia
El hombre en aislamiento languidece
El hombre en aislamiento es un ser intrapersonal que aletarga su evolución
Es un ser que no cuestiona, no comunica, no proyecta un cambio que es inherente a su evolución
La fisonomía que nos une está enterrada
Está enterrada en los pozos junto a los ecos de nuestros difuntos
Donde las resonancias hacen temblar a esta tierra acribillada
Y donde sus cicatrices se abren en todos los sures y todos los nortes
Y es que somos las nuevas generaciones quienes heredamos un mundo desahuciado
-¡Paren al mundo! ¡Me quiero bajar!- Grita una niña desesperada
-¡Ya Basta!- grita una madre huérfana, porque también las madres son huérfanas de hijos
Pero hemos de cortar todos los lazos biogenéticos
Comeremos los cordones umbilicales y escupiremos diamantina de colores
Y vamos a volar en unicornios de papel
Presidiremos un nuevo tiempo
¡Un nuevo tiempo!
Un nuevo tiempo de un nuevo mundo
Un nuevo mundo donde recapitulemos una nueva fisiología
Donde las voces serán las nuevas armas de (cons)trucción
Un nuevo mundo donde las voces purifiquen todos los cielos
Donde las aves canten y su canto eléctrico apague los incendios de su naturaleza
Porque la nueva tipología de identidad será universal
Porque la sangre será cósmica
Como la música que renace, la sinfonía de los siglos de los siglos
Porque la gente dice que tus sueños son las únicas cosas que te salvan
Los sueños donde escribiremos en las hojas de los arboles fluorescentes con raíces de sonrisas
Será nuestra realidad benévola
¡No queremos que destruyan nuestros sueños!
¡No queremos que callen nuestras voces!
No queremos cuerpos derramando sus gotas de vida sobre las calles imaginarias
Jhonnatan lo sabe y augura que el amor incondicional será la defensa de nuestra época
Él ha apagado el ego y ha encendido la voluntad
Porque no existirá ningún mal que traspase nuestra sangre de diamantina
Tan brillante que iluminará los cielos como estrellas binarias
Porque lo sé y no fue un sueño
Las estrellas me lo dijeron y lloré por dentro
Mis lágrimas hicieron un mar de presagios y nadé hasta el fondo
Y las anguilas eléctricas bailaron conmigo revelándome sus secretos
Pude ver lo etéreo y lo eterno de la vida
Pude detener al mundo
◘ ◘
◘ ◘ ◘ ◘
viernes, 29 de abril de 2011
Útero
A Rosa Armida, mi madre
Recuerdo cuando la niñez era tan plácida como saborear una nieve en cualquier estación del año; cuando me regañaban por pisar descalza, -‘te vas a enfermar’ –me decían; cuando dibujaba yo trazos delirantes con gises de colores; recuerdo cuando solía volar con mis patines por el vertiginoso asfalto y me llenaba de raspones la piel, y para mí la sangre de mis heridas era como acariciar las nubes. Hubo un momento en el que los sabores se hicieron amargos y mi lengua ardía al no poder decirlo, las llamas y los sucesos consecuentes se reflejaron en aquella niña introvertida. Recuerdo también cuando realizaba ya pensamientos demasiado hipotéticos, durante mi adolescencia desorientada y divagando por el amor y desamor de un abandono, fui generando juicios indolentes carentes de razón; aquellos días de nadar en un pantano de recuerdos que no experimenté nunca me hicieron quererte, necesitarte, percibir sentimientos reales de coraje e impotencia, y a pesar de eso quererte aún más. Ahora lo sé y puedo detenerme y ver el viaje cósmico de mi existencia. Y no necesito excusas ni razones ni arrepentimientos. Recuerdo cuando no contuve el llanto al verte acostada en una cama que no era la tuya, en ese momento, al verte tan pálida, me di cuenta de que no querría nunca verte sufrir, ni por causas físicas ni emocionales. Aquella era la cama de un hospital donde tu cuerpo fue lesionado. Extrajeron de ti el útero, el seno materno. Pero no es éste sólo un órgano, una masa de zonas anatómicas, es sobre todo un lazo invisible que nos une y unirá eternamente. Soy tu sangre, soy tu llanto y tu risa, tu fuerza y tu debilidad. Soy el canto que repetía junto a mi hermana en aquellas tardes de verano, íbamos a casa de una vecina cristiana, íbamos a ensayar en un coro una canción dedicada a las madres:
Tengo en la vida un ideal y un amor sin interés
que se hace grande y fuerte (…)
Es el amor de mi madre
esa mujercita querida
la amaré toda la vida
óyelo en mi cantar
la amaré toda la vida
óyelo en mi cantar
No recuerdo más, sólo que durante años cantaba yo en silencio esos versos alojados en mi memoria. Y no lo sé, por alguna razón me sigue pareciendo hermosa, será la añoranza de aquella inocencia con la que entonaba esa melodía.
Hace unos meses que me vi morir y re-nacer. Me encontré de pronto en el piso rodeada de sangre en los brazos de mi madre y escuché cómo me llamaba desesperada, como si hubiera yo permanecido en un umbral durante unos segundos, en esos segundos sé que vi imágenes hermosas, los trazos de una vida manifestados en luz, una luz sublime y seductora donde se reflejaban recuerdos que no puedo describir. Sé hoy que mi juventud no me hace más fuerte, ni más valiente ni impávida. He asumido mi vida como una serie de causalidades universales, consciente de mi muerte y celebrando la vida. Explotando como supernova y liberando energía en irrupciones desarticuladas. Hoy celebro tu nacimiento. Gracias a un día como hoy de 1959 en que tu luz se expandió, y hoy me veo aquí acariciando estrellas fugaces y haciendo música con ellas, totalmente renovada.
Tanto me has dado que ni todas la palabras inventadas de este mundo, ni todas las flores cortadas para ti, ni todas las fragancias estimulando tu sentido, podrán decir un poco de lo agradecida que estoy de ser parte de ti.
Imagen: Wilfred Sätty
martes, 1 de marzo de 2011
viernes, 25 de febrero de 2011
El mañana ocurre
martes, 8 de febrero de 2011
Voy
Voy contando los momentos perdurables, y pierdo la cuenta, y escapo a la placidez del cúmulo de deseos penetrables. Son nuestros ya 180 días revelados en la memoria jubilosa y te declaro culpable de explosiones de dicha provocadas en mis órganos, en mi piel, en mi luz incorpórea reflejada en un mar mitológico.
Y voy anhelando que permanezcas 180 días más, recorrer juntos el pasaje abstracto de nuestros sueños, voy hacia ti y vienes hacia mí, voy hacia el interior de la materia para hacer pedazos lo impreciso, para ir y venir de esta tierra, para volar, para eclipsarnos, sumergirnos, y danzar en el fuego que imaginamos.
Voy hacia ti para yacer en el ocaso de tus ojos y te despierte la aurora de los míos, y puede culminar el tiempo exactamente en este parpadeo, en este respiro, en este rasgar de conciencia. Puede culminar porque hemos amado, hemos reído, hemos llorado, hemos descubierto destellos de nuestra naturaleza, tan suaves, sencillamente suaves, particularmente apetitosos.
lunes, 7 de febrero de 2011
Reflejos
